Advertencia al lector: Lo escrito aquí no tiene razón, estructura, ni lógica, es mera diarrea mental, efecto del constante consumo de letras estupefacientes.
Y es precisamente hoy, cuando el terremoto blanco inunda un agosto extraño, cuando todo fue
más bello y mágico, cuando el color de la aspereza en que vivimos quedó oculto bajo el blanco de la nieve, inaudita y pastosa, cual suspiro polar que nos baña de recuerdos inventados, transformando las fantasías en recuerdos memorables, fue precisamente hoy que deje hablar a mí mano ante un espejo de letras y letras.
Yo ya no me atrevo a decir “Yo”, precisamente sólo de él no podría hablar en este momento, por que más allá de que en mí radique la espera de mí mismo, algo acontece en el perímetro que me circunda cuando extiendo estos brazos que creo míos. ¿Será una pequeña cáscara de nuez lo que yo creo un universo infinito? ¿será el silencio un ruido que distorsiona la música que no logramos escuchar? Quizás siempre ha sido la nada parte de aquello en que creo creer. Sobredosis de papeles blancos, yo soy mi mundo y mi mundo es imperfecto, le sobra un par de ojos, le falta un trozo de alma. Es la nausea de no caer nunca y la paz de arrojarse al vacío, vacuo esperma que no se detiene para nacer; abro los ojos, por primera vez respiro, cierro los ojos, por primera vez ya muerto. Soy a sabiendas de mi ignorancia, no pienso, no requiero existir si hoy escribo, no quiero escribir si lo hago, varío, vacilo, soy péndulo de una mano que de tanta actividad sufre el mal de Parkinson, tirita mi existencia. Estar en el mundo no es ser ahí; sobre ese pedazo de materia, conforme a átomos que se unen y mi masa generan, sufriendo la fe plástica de los que serían bellos en un mundo inexistente. Poseo la cualidad de discernir entre lo rojo y lo verde, entre el amarillo y el índigo, mas no entre lo blanco y lo negro, no me hables de lo bueno y lo malo, mi pupila es amoral sin perder su afán moralista. Las antípodas fueron podadas, los milagros lascivos, los logros logrados, y los sueños, estos fueron orinados, desprendiendo un olor a tequila con Redbull mientras caían, una fragancia a azufre mezclada con búsqueda sabatina del sentido. Solas las calles, los edificios, los postes, el pavimento, el cielo, las miradas, los vagones, los países, los sueños; simples pertenencias que no son originales. Somos masa que arrastra más masa, a veces organizados, a veces anárquicos, narcisos que se creen omniscientes, capaces de moldear el destino al acorde de sus notas ideológicas, al compás de disparos y argumentos racionales, con una sinfonía excepcional de músicos cuyos violines perdieron las cuerdas, sus flautas el aire y sus manos la magia de la improvisación.
El destino debería ser el cuerpo de una mujer, con todas las curvas necesarias, y el respectivo abismo magnético de magma entre sus piernas. Y a través de su depresión intermedia, un río, un hilito de sudor entre esos templos de piedra-miel irregular, en ese muro de lamentos que aunque sin Dios dejaría mi huella. Talvez el desatino debiese ser un país de refugiados, con un mercado negro de sueños blancos, con decisiones que serían tomadas no por convención sino por el rubor en las mejillas de quienes las escuchan. Mi moral y mi conciencia no evolucionan, tan solo se trasladan, se inyectan a un todo perdido del cual todos se guían.
Tan solo un roce, aunque fuese fatal, tan solo un roce de piel, una cuota de romanticismo, pero nada, me canso de este barroco metálico y frío, me vierto mi propia sangre para recordarme el color de la pasión.
No hay caos en mi firmamento, sólo hay crisis entre sus estrellas, hay crisis porque puedo crear mundos, puedo mutar mi mente, puedo revivir la nada y hacerla un todo, puedo escribir sin estar seguro de estar existiendo, puedo creer en un dios sin Dios, puedo escribir "eruinchgandine" y luego inventarle un significado, inclusive darle un sentido, puedo escribir un poema suicida y estar riendo, puedo ser otro sin dejar de ser yo mismo, y aun así, nunca saber quien soy cuando escribo. Simplemente existo, como ironía de un Dios aburrido que se entretiene de un bufón condenado a su libertad, como protagonista de Truman Show, como un cuadro de Dalí o Buñuel cuyo cielo esta perfectamente despejado, como un tango desgarrador que le enseña a nuestra sangre a agitarse, como un jazz tocado por un esclavo que en la improvisación comprende lo que es la libertad, como un Blues que hace más potente y menos solitaria a nuestras lagrimas, como un trueno que nos recuerda que aun somos unos salvajes que contemplan lo que con ciencia pueden explicar, como una séptima sinfonía de un Beethoven despechado, que una vez escuchada al máximo volumen y en soledad, nos cosquillea en el pecho la locura y el romanticismo sicodélico que podría ser existencial. Respiro perfumes excitantes y hedores putrefactos de ciertos corazones, observo cuerpos imperfectos que son más bellos que la belleza plástica y promocional, escucho sentimientos, susurros, que aunque me digan mentiras al oído, no dejan de erizarme la piel, saboreo ideas desde los hombros de gigantes, y sé –recorro y aprendo del mundo- desde la geografía exacta de una mujer.
Aposté a que me jugaba la vida, y aun estoy en deuda.

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