
Quizás ser quien quería ser cuando era más pequeño, quizás decidirme a intentarlo por primera vez en mi vida. Quisiera ver colores que nunca siquiera imagine que podrían existir, y oler, sentir el olor de mi piel, sentir mi cuerpo y a la sangre corriendo por mis venas, y a mi corazón bombeando lo que alguna vez fue pasión. Quisiera conocer quien diera sentido a mi sensatez. Después de todo, mi error más grande fue únicamente confesarme con la persona equivocada, y mi pecado más tremendo el pecar para olvidar lo errado. Sólo soy carne, huesos, y algo más, simplemente algo, soy un ente enamorado de otro ente que no aun logro comprender. No hay vocabulario, palabra, fonema, ni siquiera ruido, no hay silencio, no hay quien pueda hablar de eso. Y creo que eso es lo mágico, porque no, no la amo, amar es sólo eso, hay algo nuevo sólo para nosotros, no hay palabra que dé con el significado. Y sí,¡ lo recuerdo!, recuerdo que no creías en Dios, y que por eso te dije que aunque Él existiera lo de los dos no cambiaría, pero sí, sí cambió, tanto que acabó, y en menos de lo necesario.
Sé que soy demasiado joven para vivir, y también para morir, por lo que mi existencia se reduce a inmadurez y pasión por donde sea . Sé que realmente no sé nada, y eso me convierte en un ignorante, en un idiota que lee con inmensa desesperación a tipos aún más desesperados. Nunca he consumido drogas, creo no haber tenido que llegar hasta eso, pero sí he intentado vivir cada momento a ras de piel; he persistido en expandir estas alas que no tengo, he escupido mi inocencia y luego me la he bebido de otra boca, siempre de mujer. Yo si sé lo que es un latido ácido, sé como coagulan los recuerdos, sé que te tapan las arterias y no dejan que la sangre se oxigene ; te asfixias en el intento de olvidar, te falta el aire, colapsan tus alvéolos, y sólo respiras humo, te ahogas con la mezcla de gases que nacen de la combustión entre las rosas y cartas que hoy las contemplas como un vómito, luego, finalmente, las cenizas se inyectan a tu torrente sanguíneo, y poco a poco-pues bien sabes que se demoran más de lo soportable- son desechadas, conformando pequeñas unidades acuosas que se desprenden de tus ojos, y caen, efecto de una gravedad indolente, caen, gota a gota, los residuos de algo que siempre has ocultado, y sin darte cuenta, ya dejaste ver tu corazón. Quizás la vida es la oportunidad para ser tú mismo, y muchos no lo logran, y otros tantos lo logran pero son infelices , por lo mismo, yo he decidido simplemente caminar al lado del camino - como bien dice Fito- y lo cierto es que me entretengo en este trayecto sin sentido, desde aquí observo a los neuróticos que, sin duda alguna, son o serán exitosos el día de mañana, y de vez en cuando, como por esas cosas de la vida, alguien toma de mi mano, alguien que no conozco y nunca dejo de conocer, alguien con olor a rubor en sus mejillas que varía de tanto en tanto. No sé si algún día seré quién debía ser, pero sé que seré feliz con el traje que me ponga, que la vida me regale, ya sea disfrazado de normal o de loco, de Ingeniero o poeta, de hueón o de sabio, seguiré escribiendo, con talento o sin, para todos o para nadie, escribiré hasta que exprima mi esencia y pueda beber del jugo que esta me dé, tal vez inclusive mezcle mi sudor con pisco, quizás no, pero me lo tomaré, viviré hasta que pueda gritar, el mismísimo día que esté agonizando; ¡viviré!.
Esto es nada, una fracción de mi nada para todos aquellos que tienen nada en los bolsillos y nada en el corazón. Una nada que quema porque fue arrancada; se escuchan a lo lejos los perros ladrar y el eco de un latido que retumba por su ausencia en el vacío de la carne que es sin fe. En este desierto de barroco metálico que me hierve los pies, en este lugar copado de ausentes, entrego mi nada para nada.
domingo, 19 de agosto de 2007
Un poco de nada
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Lira
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domingo, 12 de agosto de 2007
Carta de amor que nunca leíste
Talvez hace cinco meses, formalmente más, lo nuestro se acabó. Con el paso del tiempo uno creería que es capaz de olvidarlo todo, sobretodo después de tanto daño hecho y errores cometidos, pero lo cierto es que no, que pasa el tiempo pero no cesan las miradas, los recuerdos y el nudo en la garganta cuando debo hablar de ti. Pese a todo lo que uno puede decir del amor, solo sé algo, te amo. Quizás el paso del tiempo ha logrado congelarme, es decir, tan solo basta un poco de mi orgullo mezclado con el frío que siento en tu ausencia para cristalizar poco a poco mi piel, mas no mi corazón. Ya no me importa lo que pase en el mundo, me da lo mismo lo que ocurra, que haya guerras, que gente muera de hambre, probablemente soy una mierda de persona, pero quien quisiera vivir en un mundo sin ti, si cuando fui mejor persona fue cuando estuve a tu lado. No sé nada de amor, sólo sé que te perdí y que tú me diste por perdido, que creí que te olvidé y por eso besé a otros labios. Continúo con mi vida, sigo con las mismas mañas y hago las mismas estupideces, sólo que ya nadie las celebra. Lo cómico es que ésta carta que escribo es una más entre muchas, y nunca la leerás, así que no sé porque lo hago. Te extraño, una vez por mes se me viene esto a la mente. Recuerdo que un día prometí que una parte de mí siempre amaría una parte de ti y viceversa, pero creo que tú lo has olvidado. Olvide que me olvidaste y que duele el recordarte, pero que más da, esto es todo lo que he tenido durante mi vida, un puñado de ilusiones y un lápiz, con eso he aprendido a vivir y a respirar.
Inclusive cuando estoy ebrio hablo de ti, y cuando hablo de ti m dan ganas de estar ebrio, y a veces quiero llamarte, pero creo que nunca he estado lo suficientemente ebrio como para hacerlo.
Todo terminó pésimo, de la peor manera, con llanto, mentiras y por teléfono, a lo lejos me decías, de un día para otro, que ya no me amabas, que esto ya no podía seguir, y que había otro que, si lo pensabas racionalmente, era más valioso. Lo recuerdo y me da nausea el ver como llegamos a eso, sé que los errores los cometí yo, yo decidí terminar e intentarlo con otra primero, yo acabe todo, yo arruine a la persona que amaba, sólo por mi afán de aventurero, sólo porque creía que todo era demasiado rutinario, y no comprendí que de mi dependía que lo nuestro no fuera rutinario, y que era realmente mágico, algo así -eso que significábamos los dos juntos- nunca debió haber terminado. Intento recordar tu mirada, tus labios, tu cuerpo, pero no puedo, y no sé si es por miedo al dolor o si es simplemente porque no supe aprovechar el tiempo realmente contigo, talvez no te miré lo suficiente, no miré lo hermosa que eras, ni esa sonrisa mágica, ni tus labios húmedos, ni tu mejilla suave. Aprendí, y lamentablemente lo aprendí a costas de nuestra relación, lo que realmente vale una mujer como tú. Solo quisiera decirte una última cosa, por que sé que muchos hombres intentarán tenerte, eres una caja llena de cosas por descubrir, y ya sé que perdí la oportunidad de ser yo quien conociera tu pequeño mundo, y Dios sabe que eso me duele, pero por eso mismo, sólo te quiero decir una cosa, algo que me enseñaste tú, sin darte cuenta, y es que no se debe estar con quien te ame porque te encuentre bella, sino que se debe estar con aquel que por el amor que siente hacia ti te haga bella, y ese, por más tiempo del que crees, fui yo, si es que aun no lo soy. Te necesito porque te amo, no te amo porque te necesite, simplemente entiéndelo. Eras todo lo que yo no era, y luego te conocí, y conocí aquello que me complementaba, y luego lo perdí, y una vez que lo encuentras, no te resignas simplemente a perderlo, tienes esperanza de que la vida es lo suficientemente justa como para devolvértelo, porque después de todo, de eso se trata el amor, ¿no?, de gastarte tu vida entera buscando tu complemento, y yo lo encontré, y ahora lo perdí, y ahora no sé en que gastar el resto de mi vida si no es haciéndote estas cartas y poemas malos que nunca llegaran a tus oídos. Adiós. Sapiere en tus labios.
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Lira
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jueves, 9 de agosto de 2007
Bajo el cielo de Dalí
Advertencia al lector: Lo escrito aquí no tiene razón, estructura, ni lógica, es mera diarrea mental, efecto del constante consumo de letras estupefacientes.
Y es precisamente hoy, cuando el terremoto blanco inunda un agosto extraño, cuando todo fue
más bello y mágico, cuando el color de la aspereza en que vivimos quedó oculto bajo el blanco de la nieve, inaudita y pastosa, cual suspiro polar que nos baña de recuerdos inventados, transformando las fantasías en recuerdos memorables, fue precisamente hoy que deje hablar a mí mano ante un espejo de letras y letras.
Yo ya no me atrevo a decir “Yo”, precisamente sólo de él no podría hablar en este momento, por que más allá de que en mí radique la espera de mí mismo, algo acontece en el perímetro que me circunda cuando extiendo estos brazos que creo míos. ¿Será una pequeña cáscara de nuez lo que yo creo un universo infinito? ¿será el silencio un ruido que distorsiona la música que no logramos escuchar? Quizás siempre ha sido la nada parte de aquello en que creo creer. Sobredosis de papeles blancos, yo soy mi mundo y mi mundo es imperfecto, le sobra un par de ojos, le falta un trozo de alma. Es la nausea de no caer nunca y la paz de arrojarse al vacío, vacuo esperma que no se detiene para nacer; abro los ojos, por primera vez respiro, cierro los ojos, por primera vez ya muerto. Soy a sabiendas de mi ignorancia, no pienso, no requiero existir si hoy escribo, no quiero escribir si lo hago, varío, vacilo, soy péndulo de una mano que de tanta actividad sufre el mal de Parkinson, tirita mi existencia. Estar en el mundo no es ser ahí; sobre ese pedazo de materia, conforme a átomos que se unen y mi masa generan, sufriendo la fe plástica de los que serían bellos en un mundo inexistente. Poseo la cualidad de discernir entre lo rojo y lo verde, entre el amarillo y el índigo, mas no entre lo blanco y lo negro, no me hables de lo bueno y lo malo, mi pupila es amoral sin perder su afán moralista. Las antípodas fueron podadas, los milagros lascivos, los logros logrados, y los sueños, estos fueron orinados, desprendiendo un olor a tequila con Redbull mientras caían, una fragancia a azufre mezclada con búsqueda sabatina del sentido. Solas las calles, los edificios, los postes, el pavimento, el cielo, las miradas, los vagones, los países, los sueños; simples pertenencias que no son originales. Somos masa que arrastra más masa, a veces organizados, a veces anárquicos, narcisos que se creen omniscientes, capaces de moldear el destino al acorde de sus notas ideológicas, al compás de disparos y argumentos racionales, con una sinfonía excepcional de músicos cuyos violines perdieron las cuerdas, sus flautas el aire y sus manos la magia de la improvisación.
El destino debería ser el cuerpo de una mujer, con todas las curvas necesarias, y el respectivo abismo magnético de magma entre sus piernas. Y a través de su depresión intermedia, un río, un hilito de sudor entre esos templos de piedra-miel irregular, en ese muro de lamentos que aunque sin Dios dejaría mi huella. Talvez el desatino debiese ser un país de refugiados, con un mercado negro de sueños blancos, con decisiones que serían tomadas no por convención sino por el rubor en las mejillas de quienes las escuchan. Mi moral y mi conciencia no evolucionan, tan solo se trasladan, se inyectan a un todo perdido del cual todos se guían.
Tan solo un roce, aunque fuese fatal, tan solo un roce de piel, una cuota de romanticismo, pero nada, me canso de este barroco metálico y frío, me vierto mi propia sangre para recordarme el color de la pasión.
No hay caos en mi firmamento, sólo hay crisis entre sus estrellas, hay crisis porque puedo crear mundos, puedo mutar mi mente, puedo revivir la nada y hacerla un todo, puedo escribir sin estar seguro de estar existiendo, puedo creer en un dios sin Dios, puedo escribir "eruinchgandine" y luego inventarle un significado, inclusive darle un sentido, puedo escribir un poema suicida y estar riendo, puedo ser otro sin dejar de ser yo mismo, y aun así, nunca saber quien soy cuando escribo. Simplemente existo, como ironía de un Dios aburrido que se entretiene de un bufón condenado a su libertad, como protagonista de Truman Show, como un cuadro de Dalí o Buñuel cuyo cielo esta perfectamente despejado, como un tango desgarrador que le enseña a nuestra sangre a agitarse, como un jazz tocado por un esclavo que en la improvisación comprende lo que es la libertad, como un Blues que hace más potente y menos solitaria a nuestras lagrimas, como un trueno que nos recuerda que aun somos unos salvajes que contemplan lo que con ciencia pueden explicar, como una séptima sinfonía de un Beethoven despechado, que una vez escuchada al máximo volumen y en soledad, nos cosquillea en el pecho la locura y el romanticismo sicodélico que podría ser existencial. Respiro perfumes excitantes y hedores putrefactos de ciertos corazones, observo cuerpos imperfectos que son más bellos que la belleza plástica y promocional, escucho sentimientos, susurros, que aunque me digan mentiras al oído, no dejan de erizarme la piel, saboreo ideas desde los hombros de gigantes, y sé –recorro y aprendo del mundo- desde la geografía exacta de una mujer.
Aposté a que me jugaba la vida, y aun estoy en deuda.
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Lira
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miércoles, 1 de agosto de 2007
El violinista sin cuerdas y un amor

El suicida fue identificado como NN, un destacado poeta nacional de 87 años de edad y originario de algún lugar, tenía su domicilio en una calle, cuyo número se encuentra en la muralla de la casa, en la comuna de las micro amarillas; de acuerdo a lo que se informó por parte de su amante, la cuál nunca supo que entre ellos se amaban, se explicó a la policía que alguien había resbalado de un duodécimo piso producto del vértigo y violín que portaba, gracias a Dios, este último salió ileso.
Cupido, simplemente no puedes andar por ahí lanzado flechas como si nada fuese a ocurrir, menos aun si estas embriagado, etílico, etéreo, ebrio. Pero Dios sabe que no sabe lo que es pecar como tú sabes que ignoras lo que es amar. Preso, testigo de tus manos, tu piel, tus uñas simples, tus dedos perfectamente humanos, tu mirada como la de cualquier individuo desolado, tu caminar zigzagueante, tu poesía escrita en las puertas de baños públicos, sí, ahí, en el trono de todos los ciudadanos, ahí mismo, en el WC, donde la corona apesta. No hay duda, como tampoco una razón, no hay filosofía, ni siquiera nihilismo, tan solo hay carne añorando carne y un alma anhelando un alma. No eres de este mundo Cupido, hijo del dios sin Dios, andas perdido sin perder la bohemia, sin fe pero aun sin perder tus alas. No, no eres del rebaño, ni tampoco el pastor, ni siquiera el lobo, tu eres tan solo el perro del rebaño, anexo, apéndice intempestivo, luchas con los lobos cuando hay que pelear pero si tienes mucha hambre te comes las ovejas, no sigues al pastor pero aun así a veces cuidas al rebaño, inclusive por momentos has sido héroe, mártir, mas nadie sanó tus heridas, y con ironía te ríes de las ovejas ineptas, del pastor que negocia su rebaño, de los lobos bobos que atacan siempre de la misma manera.
Fuiste elegido por la mitología romana, desnudo te mandaron al mundo, en forma de niño y vendado, con flechas y un arco en tus manos, y la literal mala cuea de enamorar y atontar a parejas que luego se divorciaran, y por defecto de todo el papeleo que significa dejar de amar y demostrarle al jurado que las lagrimas son reales, justificaran la existencia de abogados y fiscales inservibles. No tienes causa ni lucha, eres un animal amoral, no crees en la libertad porque los libres ajusticiaron banderas, naciones, corazones, vidas y personas, no crees en la fraternidad porque los fraternos iniciaron sus guerras, porque pese a que dicen que toleraron los cambios y a aquellos que afirmaron ser distintos, tú tienes claro que sólo fue indiferencia y que realmente importa una mierda ser diferente, ser distinto no es ser especial, ser especial implica no ser distinto y aun así marcar diferencias. Lo sabes.
Tomas tu café que te fue regalado por la viejita del kiosco, lees el diario que encontraste en el banco de la plaza, buscas noticias positivas, te esmeras en esa adicción de intentar sonreír, pero más allá del esfuerzo, tu cara es seria y anulada. La realidad te escupe en la cara, pero es tu culpa, tú la escupiste primero hacia el cielo. Cupido fue escupido al mundo, camina por la ciudad, errante y elegante alguna vez, asolapado, disfrutando su jubilación anticipada, después de años en el negocio, comprendió que el amor era una de esas profesiones inventadas, algo así como esos ineficientes cargos medios de los misteriosos y miserables ministerios , como un lavado de dinero, aunque en este caso no era exactamente dinero, pero sí algo que se tranzaba, ya era evidente, el negocio de lanzar flechas ya no funcionaba, pues ya no habían relaciones de parejas, ni siquiera relaciones sexuales, sino tan solo transacciones sexuales , habían intereses por ambas partes que, una vez obtenido lo buscado, todo el cuento se acababa, y así los besos se reciclaban, las tetas se remataban, las yeguas se esterilizaban, los impotentes se estimulaban y las esperanzas se abortaban. Poco a poco lo mágico se banalizaba hasta quedar reducido a un puñado de concepciones trágicas.
No sé que me pasa, inhalé, fumé, bebí, y sí, creo en Dios pero no en su mundo, no creo en su obra, no en estas manos desgastadas ni en mi destino ya demarcado, me cansé de mi nombre "Cupido", hoy deseo no llamarme, ser anónimo en este mundo copado de ausentes, ser yo y sin nombre, ser libre desde los pies hasta mi pronunciación, ser otro animal más humano, tener recuerdos de volantínes y zapatos de charol, componer canciones, hablar de amor en mi habitación, coleccionar bolitas y apostarme todo el dinero de mi pensión.
Sí, yo lo vi, iba en el metro y en todo el trayecto no hizo combinación, descendió de la cuncuna inorgánica de doce vagones, se bajó, recuerdo perfectamente que él me llamó la atención, no era un vagabundo cualquiera, cargaba un violín sin cuerdas que tocaba en la calle con mucha pasión, algunos decían que tenía esquizofrenia, otros que era poeta, otros que nunca a este mundo entendió, los más cercanos aseguran que comprendió lo que era el amor. Aseguró un testigo chascón y despeinado el día de ayer.
Sí, creo que decía que él era Cupido, y que su varita de madera eran sus flechas, y el violín en sí su arco, pero bueno, bien extraño que no tuviera cuerdas, tal vez esa era su frustración, el que la música sólo sonara en su mente y que el eco sólo hiciera vibrar sus vísceras, y únicamente sus vísceras, aunque era un espectáculo digno de contemplar, creo que se extrañara su presencia en la salida del metro. Diría una vecina de la zona el día de mañana.
Pero bueno, intentaré volar por última vez , aun soy Cupido, simplemente saltaré desde esta azotea, y luego, dejaré definitivamente mi pega, ya estoy senil para seguir disparando estas flechas que son cada día más pesadas, además, no se porque hace un par de años que el arco ya no funciona, no se tensan las cuerdas, por más que lo intento,la flecha no se dispara, y la gente me mira, idiotizada, inclusive algunos me lanzan monedas, no entiendo nada.
Finalmente se produce el encuentro entre el poeta suicida y el Cupido ebrio, ante un espejo, en silencio, y el reflejo inexorable, el violinista que no tenía cuerdas que tocar, el Cupido cesante, en un mundo demasiado importante como para pequeñeces o más bien demasiado pequeño para mundos inmensamente irreales.
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Lira
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