Fue precisamente cuando tu nombre se hizo verbo y tu mirada una constelación constante, cuando tu boca se tragó el abismo que era parte de mí, el momento en que tu cuerpo era un instrumento, y yo te tocaba, generando con mis dedos las notas más altas que se podrían alcanzar. Fue justamente tirados en la arena, en espera de alguna estrella fugaz que nos pudiese salvar de la mortalidad enraizada en nuestros huesos. Quizás en aquella playa, aquellos cuerpos recostados en la arena, a esa hora, con ese mar de testigo, y aquella luna iluminando. No me beses, inspírame, sólo eso debo esperar de ti. Tu cariño es una casualidad, una suerte, mas no una obligación, no te ates, no me ates, inspírame, aléjame de aquí, sin hacer nada, sólo interrumpiendo mi existencia con la tuya; desátame hasta los miedos.
domingo, 23 de septiembre de 2007
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1 comentario:
ahahaa
siempre con tus lindas palabras
me gusta leerlas
te mando un saludo enorme!
cuuidate!
adios
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