¿Cómo puedo conocer la esencia de la mujer?, me preguntó un buen amigo ciego, yo perplejo por la dificultad de la pregunta y por la despampanante pasión de sus palabras no supe responder, me pasé el resto de la semana ideando una manera de cómo conocer a la mujer a través de los sentidos. El nació sin vista y con una enfermedad que le disminuía la capacidad táctil, su tacto era mínimo, ¿cómo mostrarle una mujer si no podía tocarla, besarla ni verla? Lo primero que hice fue buscar la mejor perfumería del país con el fin de encontrar la aroma exacta a mujer, estuve analizando con máxima cautela unos cincuenta perfumes distintos hasta que di con el exacto, ése que se componía del sudor de una mujer mezclado con la aroma exquisita de su piel madurada, era la aroma de una mujer guardada entre los pétalos de una rosa. El perfume se llamaba red touch , el olor era emocionante, pero no bastaba solo con esto para mostrarle lo que era una mujer, necesitaba algo más, necesitaba una melodía que resumiera la nostalgia de tener a una mujer entre tus brazos, esa mezcla entre el miedo de perderla junto con la pasión desplegada por mil bestias corriendo por un páramo difuso, tenía la certeza que debía ser un tango. Una de las magias del tango es que despliega una pasión increíble, no por sus letras sino por su melodía que pareciese ser la danza y aliento agitado de una mujer. Pero este tango debía ser especial, no debía tener letras que pudieran desvirtuar la imagen que se proyectaría en su mente, el tango indicado era “Por una cabeza” de Carlos Gardel, la versión musicalizada, ese tango tiene una magia única, y es que podrías nunca haber visto una mujer en tu vida, podrías no saber de su existencia, pero con sólo escucharlo sabrías que no puede no existir ese concepto, nadie puede hacer tal melodía e impregnarla de tal pasión sin conocer el concepto, ¡a lo menos el concepto!, de mujer, hay algo ahí en esa melodía, algo que te grita y susurra al oído la existencia de un complemento. Es cuando el piano se pone grave y los violines comienzan a hablarte, es ahí, en ese preciso instante en el que podrías ser ciego o un ser de otro planeta y te harías una idea de lo que es una mujer.
Junté el perfume perfecto con la melodía exacta, lo llevé a un lugar donde tocaban tango en vivo, le pedí a la orquesta típica que tocara con toda la pasión que le fuera posible y que no parara hasta que se les cansaran las manos, ellos contestaron que siempre lo hacían así, para mí la idea era clara, debía generar en sus vísceras “el pensamiento triste que se baila”, con el fin de que el cieguito lograse encontrar en ese baile imaginario, a sus manos arrimadas a la cintura de una aroma excepcional.
Pero la mujer que él imaginaba era incompleta por la simple razón que nunca ha amado a una, y simultáneamente, nunca ha perdido a la que ama, no conoce el vacío que dejan ni el universo que te dan, no conoce el sabor de sus labios ni el ardor de una caricia erótica, no sabe lo que guardan bajo esas ropas, no sabe cuales son sus miedos, ¡no sabe nada!
Fue entonces que se me ocurrió la idea de leerle un par de poemas mientras estuviese sonando aquel tango, le pagué a la mesera para que le susurrara al oído un poema, este era el poema 20 del libro de Neruda “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Para mi fortuna, la mesera poseía una voz suave y punzante, de esas que te erizan la piel, era la voz indicada, la mesera, por la elegancia del lugar donde nos encontrábamos, poseía un agraciado rostro y un brillo ingenuo en su mirada, tenía alrededor de unos veinticinco años, era joven, con una sexualidad escondida, un deseo reprimido de explosión sensual (no sexual), ella era la indicada para susurrar palabras de ardor.
Una vez todo listo le pedí a la mujer que se perfumara sobriamente con el perfume red touch, la idea era mezclar las sensaciones, era enamorarlo de lo que no veía, era regalarle una ilusión que lo destrozara tanto como a cualquier hombre lo destrozaría enamorarse y la luego perder aquello que ama. Yo le advertí con anterioridad que intentar conocer la esencia de una mujer llevaba un alto costo, era peligroso, era adictivo, una vez que la saboreas nunca olvidas el sabor, se queda acuñado en tus huesos, se queda en tu paladar, y a veces clava y te hace llorar, a veces te acaricia y te hace reír, a veces te muerde suavemente y te hace sangrar.
¡Un ciego invento a una mujer!, ¡cual Dios apasionado que crea para creer!, he ahí, un no vidente conmocionado, un discapacitado que quebró las prótesis de su espíritu, una manada de bestias salvajes galopando por la estepa con la furia desconsolada del gigante que casi toca la luna, ¡tan cerca estuve!, exclamaba con un dolor fructífero, ¡tan cerca!, ¡ y es que nunca comprenderé en toda mi burda existencia lo que es la esencia de una mujer!, gritó despavorido, yo le dije que no, que nunca la lograría comprender, que todo hombre muere con ese gustillo metálico en la boca, pero aun así debemos conformarnos con ser capaces de contemplarlas, que incluso eso es más valioso que comprenderla, que la furia de un océano encendido no se comprende, se admira.
Fue en este momento, cuando estábamos en plena conversación que se montó una obra sin que yo lo hubiese pedido , de repente se escuchó una voz ronca, una voz como de roble de mil años, esta gritaba ;¡¡¡Roxanne!!!, cuanta pasión y brutalidad acumulada, cuanta nostalgia y dolor en aquel tango... Se vivía entre cada suspiro el drama. Esa voz rugiente era una estampida de eróticos intensos, luego, a medida que avanzaba el tango, suavemente relucía la armonía de un violín entre cortado que brindaba elegancia, que me lanzaba a la cabeza la imagen de los muslos pálidos de una mujer sudando producto de un movimiento vacilante, cada parte de este tango era una mirada marchita por una lagrima, era una boca trastornada de sabor, eran senos amortiguando el peso bruto de un maldito, era un vientre que como cuna mecía más de un sueño, eran manos clavando las uñas de rabia y dolor, eran piernas disparadas hacia el cielo, cada parte era un atajo a la locura, y fui yo quien ahora dejó de ver.

2 comentarios:
me mataste....
esta medio desordenado, osea las palabras se sienten como sueltas pero mientras uno sigue leyendo van tomando su lugar y se llega a un sentimiento muy bonito....
como que intentaste decir mucho con cosas muy simples, eso pocos lo logran hacer...
me gusto.
me agrado la idea, pero nose que tanto lo demás.
me recuerda mucho al perfume...
y debido a eso me puse a leer tus libros y peliculas favoritas.
pero vi que te gusta la pelicula el perfume y no el libro.
aunque yo creo que lo leiste. y me causo curiosidad jajajaja.
igual a mi me agrada más el libro xD
cuidate!!!
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