¡Agregame a favoritos, cada día algo nuevo! Crónicas de una piel: 1/11/07

jueves, 22 de noviembre de 2007

Desencuentro


Y resulta que una vez más estoy frente a ella desnudo como un monstruo que nunca se olvida de sí mismo. Se supone que debiese existir un umbral entre mi rutina e intimidad, pero lo cierto es que hoy no existe tal cosa y sólo estoy yo entre lo uno y lo otro. Hablo, critico, y ella me contradice de manera perfecta cada una de mis rabietas de niño, luego la miro por centésimas de segundos y vislumbro en su mirada ira hacia mi persona efecto del recuerdo latente en su memoria; le quebré el corazón porque no supe entender el mío.

Sé todo de ella, quizás un poco más, y por instantes casi nada, pero sé que en algún momento fui parte del todo que hoy les aseguro conocer de ella. Creo que hay algo que ella no sabe, y es que su mirada es un reflejo inexorable de su alma, y su alma a su vez una esponja que absorbe todas las cosas, inclusive mi mirada.

Sí -te respondo en mi monologo mientras paseamos por el mall- el amor es un gran pedazo de mierda adornado como un pastel, y de a momentos comienza a apestar, y existen quienes se quedan a oler y quienes corren para no hacerlo, pues yo me quedé, y tú te fuiste y aún no regresas.

No sé porqué cresta me junté contigo hoy, después de casi un año de haber terminado mantengo todavía la ilusión enfermiza de salvar algo de aquello que ya olvidamos, pero lo cierto es que lo olvidado no está precisamente superado, y hoy, al contacto con tu piel, olor y cuerpo, descubro que aún vuelan mariposas en mi estomago, sólo que esta vez me harán vomitar.

Enciendes tu cigarrillo triturado por tus manos nerviosas que en ningún momento pararon de sudar, lo haces torpemente, y luego te lo fumas como si no te interesase nada más, ni siquiera me ofreces una fumadita conciliadora, sólo te lo fumas con cara de interesante, cómo si guardaras grandes ideas en tu cabeza, mas sólo escondes los pocos pedazos que te dejé de intimidad.

Lo sabes, sabes que con mis manos toqué todo tu cuerpo, y eso te debe molestar, por eso mismo comprendo tu odio, porque según tú diste demasiado para alguien con quién no hablarías nunca más.

El diálogo entre nosotros no es perfecto, hablamos únicamente porque dos personas juntas suelen hablar, mas ambos sabemos que no llegaremos a ninguna parte con las palabras, que con el tiempo nuestras almas se han convertido en armas que hieren a cualquiera que se acerque y quiera entrar, así que conversamos cómo si estuviésemos felices de la vida de encontrarnos después de tantos años ya, y de esta manera evadimos cualquier mueca que dé destellos de humanidad. Tímidamente hablamos de cosas superficiales, mas en cada palabra hablada se pacta tácitamente olvidar cada "te amo" pronunciado en tiempos que aún no cesan de pasar.



Eres la visita numero: