Una tarde más de un sábado cualquiera, por mi ventana logro vislumbrar el crepúsculo rosado empapando las nubes calmas y quietas. Son las 6:22 pm y escucho Mack the knife de Michael Bubleé. El viento logra acariciar mis cortinas mas no mi rostro, sólo el calor traspasa toda barrera. La TV después de un par de horas nada puede hacer por uno y la desazón nos comienza a picar en la espalda. Tal vez salga y me emborrache, quizás no. En este momento, lo mejor que me podría pasar sería darme hambre, por lo menos eso irrumpiría en esta tarde muerta. El calor me da nauseas y poco a poco cualquier intento de incorporarme a la rutina se derrite en conjunto con mi ánimo. Lo peor es que sí, sí creo en Dios, y sí quiero cambiar el mundo, y alguna vez tuve pasión, sí, creí en todos los cuentos de hadas sin excepciones, pero que importa hoy, créeme, con el tiempo comprenderás que si escupes la realidad al cielo, el cielo y la realidad te caerán en la cara. Es una tarde más, de tanto pensar puedes enfermarte, de tanto escribir puedes olvidarte de ti mismo, pero que más da, si algún día seremos olvidados por todos. Le tengo fe a los desconocidos, a veces, ellos son los únicos que se acuerdan de ti, tal vez no recordarán tu rostro, ni qué hablaron, pero les quedara el sabor del momento; los desconocidos son el recuerdo menos ingrato. Me han tomado de la mano, sin duda alguna, me han guiado, al vacío, a la gloria, pero siempre me han guiado, supongo que no me puedo quejar. Suena Yesterday de The Beatles, y recuerdo forzosamente yesterday, y no sé porqué cresta el ayer tiene el rostro de una mujer. El destino y el desatino, por algo se escriben similar creo yo; el desatino de existir creyendo en el destino, o el destino de ser un desatinado, qué se yo, me conformo con sonreír. Creo que debe ser aburrido ser Dios, es decir, saber qué te pasara de aquí a la eternidad, ¿qué gracia puede tener?, pero bueno, si algo he aprendido en estos cortos 19 años, es que tanto el libidinoso como Dios cumplen una función, y ambos son igualmente necesarios. Recuerdo haberme quedado mirando las estrellas pero sólo porque lo vi en una película y se veía romántico y solitario, y yo quería ser romántico y solitario, pero sólo me cagué de frío y me aburrí rápidamente. Luego, años más tardes, días más atrás, lo hice de nuevo, y esta vez si que era romántico y solitario, todo gracias a una mujer. Hoy me pregunto cómo será pasar una noche mirando el firmamento cuando tenga 90 años, quizás va a ser igual de gigante que cuando tenía cuatro años, Dios lo quiera. He sonreído, creo que he sido feliz, no recuerdo cuándo, pero tengo fe en que lo he sido. He arrugado papeles que fueron borradores, y más adelante el tiempo me arrugará a mi, como usándome de borrador para el libro de la vida, como si yo fuese un boceto, un experimento de pecados, pasiones y letras, una obra en potencia, un intento fatal. En este momento está sonando When a man loves a woman, y recuerdo que mi corazón bombeaba pasión, recuerdo que mi labios se humedecieron con otros labios, recuerdo que mi cuerpo fue algo más que carne apilada sobre una columna vertebral.
sábado, 27 de octubre de 2007
lunes, 8 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
